(Cameo Marketing Audiovisual)

PUERTO LA CRUZ, Venezuela -- Venezuela ha sido un país sinónimo de béisbol desde la segunda mitad del siglo pasado. Su aporte a las Grandes Ligas ha sido amplio y profundo, desde figuras como Luis Aparicio, David Concepción, Omar Vizquel, Andrés Galarraga, Miguel Cabrera, Félix Hernández, por sólo mencionar unos nombres.

Su Liga Profesional es vivida con intensidad por los aficionados, que plenan los diversos estadios y sintonizan cada juego. Nadie es indiferente: hasta los poco entendidos deben de alguna forma convivir con la fiebre. Durante cuatro meses, de octubre a enero, el país siente su liga invernal como parte fundamental de su vida.

De ocho equipos que la conforman, dos acaparan la mayor fanaticada: los Leones del Caracas y los Navegantes del Magallanes. Los encuentros entre ambos equipos son la gran conversación nacional, desplazando aunque sea momentáneamente, la grave crisis económica y social que atraviesa el país.

Esa rivalidad, tan antigua como el béisbol venezolano mismo, sirve de marco para una nueva película que ha atraído al público, fanático o no del deporte, a las salas de cine.

Papita, Maní, Toston (llamada así por el canto de ponche de Pepe Delgado Rivero, popular narrador de televisión durante las décadas de los 80 y 90) es una comedia romántica inspirada en esa pasión que sienten los venezolanos, que los lleva a respirar y vivir béisbol. La disputa entre Caracas y Magallanes sirve de base para una nueva versión de Romeo y Julieta, con dos familias cuyas adhesiones en el diamante los enemista y distancia.

"Desde un principio, nuestro director Luis Carlos Hueck quiso reflejar ese amor por el juego de pelota que tenemos los venezolanos", dice la actriz Juliette Pardau, quien encarna a Julissa, la chica magallanera que se enamora de Andrés (interpretado por Jean Pierre Agostini), un acérrimo caraquista que la conoce al introducirse en el mundo de la escuadra que tanto detesta, por designios del azar. Hilarantes situaciones se desencadenan, como Andrés debiendo estudiar la historia del Magallanes a regañadientes.

La cinta tardó, desde su concepción inicial hasta su estreno el pasado 20 de diciembre, cinco años de proceso creativo y de producción.

"Siempre aclaramos que la película no es exclusiva para fanáticos del béisbol", indica Pardau, quien además es conductora de un programa radial en Caracas. "Usamos el béisbol para reflejar la venezolanidad. Es parte fundamental de nuestra forma de ser, pero tratamos de no ahondar en tecnicismos para así no alejar a aquellos que son fanáticos casuales. Todos encontrarán personajes y situaciones con las cuales se sentirán identificados".

El protagonista usa como despertador el canto de los Leones cuando atacan en su terreno. Los personajes visten con camisetas de sus equipos no sólo para ir al juego, sino en cualquier aspecto de su vida diaria. Puede sonar exagerado, y en parte provee risas en el ritmo acelerado de la cinta, pero en Venezuela son cosas que se ven diariamente.

Requerimientos del rodaje los llevaron a filmar en un encuentro entre Caracas y Magallanes, partidos que son jugados siempre a casa llena y cuya intensidad hace palidecer a cualquier juego de Yankees contra Medias Rojas.

"Era la primera vez que iba a un estadio", dice Pardau, confesa ex fanática casual, convertida luego del rodaje. "Imagínate ir a un Caracas Magallanes y además filmar durante un juego cerrado. Fue una de las cosas más emocionantes que me ha pasado en mi carrera. Muy pocas cosas se comparan con esa energía, viendo toda clase de fanáticos, todos entregados en completo al béisbol. La pasión y emoción con la que vive el fanático venezolano es inmensa".

La receptividad que ha tenido Papita, Maní, Tostón ha sido, a juzgar por la reacción en las redes sociales, sumamente positiva. Aún no disponen de cifras de recaudación luego de tres fechas en cartelera, pero Pardau y el resto de sus compañeros están complacidos por los tuits y mensajes que reciben constantemente, incluyendo fotos de quienes han asistido al teatro vistiendo los colores de sus respectivos equipos. Destaca una joven pareja de novios, él del Magallanes y ella del Caracas, que replican en la realidad la premisa básica de la película.

"Es sumamente emocionante para cualquier artista ver como la gente se conecta con la película, Uno agradece que además hayamos estrenado en un momento importante: convulso en lo político y económico para Venezuela, por ello estamos dando un mensaje tan necesario de tolerancia y entendimiento, y que bueno que Luis Carlos lo empaquetó dentro de un contexto de comedia ligera y romántica, además dentro de algo tan positivo como el béisbol", dice Pardau.

"En Venezuela, el béisbol es tan grande que aunque uno no sea fanático, te conectas a la emoción", dice la protagonista.