Es cierto, puedes repasar las más de siete temporadas que Ken Griffey Jr. ha estado en Cincinnati y puedes decir que han sido una decepción.

Después de todo, cuando los Rojos enviaron a Mike Cameron, Brett Tomko, el dominicano Antonio Pérez y Jake Meyer a Seattle por Griffey el 10 de febrero del 2000, esto fue un día para celebrar en Cincinnati. En 1999, los Rojos habían ganado 96 juegos y terminaron solamente 1 ½ fuera del primer lugar en la División Central de la Liga Nacional, y la llegada del jardinero central en pleno apogeo fue visto como la pieza que llevaría a Cincinnati a la postemporada por muchos años.

Desafortunadamente para Griffey y Cincinnati, las expectativas para el regreso del hijo prodigio a Ohio -- su padre Ken Griffey Sr. fue titular en la Gran Maquinaria Roja de los años 70 -- resultaron no ser realistas.

Los Rojos ganaron 85 juegos en el 2000 cuando Griffey conectó 40 jonrones y fue parte del Juego de Estrellas en lo que ha sido su mejor temporada en Cincinnati. Los Rojos no han tenido una foja positiva desde entonces y Griffey, ahora con 37 años de edad, ha estado limitado a menos de 112 juegos por temporada durante cinco de los seis últimos años debido a lesiones.

A pesar de que su estadía con los Rojos ha sido decepcionante y mientras se acerca a los 600 jonrones en su carrera, Griffey merece ser elogiado por lo que ha alcanzado en toda su carrera, no solamente en Cincinnati, y por lo que ha hecho por el béisbol y por lo que significará.

En una época en donde los logros de algunos de sus contemporaneos han sido manchados por rumores de esteroides y otros vínculos desagradables, la imagen de Griffey es tan limpia como lo fue cuando fue seleccionado de primero en el Draft de Primer Año de 1987.

Piensen en eso por un momento.

Estamos hablando de alguien que ha aparecido en 13 Juegos de Estrellas, ha ganado el Guante de Oro 13 veces y el Bate de Plata siete veces. Fue el Jugador Más Valioso (con Seattle en 1997), JMV del Juego de Estrellas, encabezó la liga en jonrones cuatro veces y ha impulsado 100 carreras o más en ocho ocasiones. Un bateador de .290 en su carrera, Griffey ha bateado .300 o mejor ocho veces.

Este es un muchacho que ya ha alcanzado las estadísticas dignas del Salón de la Fama, y no ha habido señales de malicia durante ese camino.

Este es uno de los mejores peloteros que este deporte ha visto y un muchacho que no ha estado involucrado en controversias y de todas maneras en estos momentos recibe menos reconocimiento que otros que no han llegado tan lejos como él.

La crítica más grande que Griffey puede recibir, aparte de la decepcionante actuación con los Rojos, es que ha estado plagado de lesiones. Se ha perdido 260 juegos durante el 2001-2004.

Mientras ha sido cierto que se ha lesionado bastante antes de cumplir los 30 años, normalmente sufrió esas lesiones por dar todo en el terreno. En otras ocasiones fue por accidentes que le pueden pasar a cualquiera, como resbalarse en la ducha. Si mucho, Griffey es culpable de tener muy mala suerte.

Pregúntenle a sus antiguos dirigentes, hombres como Lou Piniella y Jerry Narron, y solamente escucharás elogios para Griffey y la forma en que juega. Todos están de acuerdo de que Griffey da todo lo que tiene en el terreno, un muchacho que juega de la forma correcta.

"Siempre tuvo un increíble talento", dijo Piniella. "Y lo hace ver fácil, pero él siempre se trabaja fuerte".

Sus habilidades lo han llevado a una cima en donde sólo cinco jugadores -- Barry Bonds, Hank Aaron, Babe Ruth, Willie Mays and Sammy Sosa -- han llegado. En comparación a los dos últimos miembros del club de los 600 jonrones, Griffey llega sin estar rodeado de controversia.

Tal vez has visto a Griffey en la lista de lesionados varias veces, pero no en una corte.

Nunca has visto a Griffey envuelto en bates con corcho, testimonios bajo juramento o desafortunados incidentes fuera del terreno.

Otros tienen la falta de juicio que los hace parte de chismes de farandula. Pero Griffey no.

Tal vez porque durante toda su carrera ha jugado para equipos que no son parte de grandes mercados de comunicación, pero Griffey atrae menos atención que el nuevo rey de los jonrones, Bonds, y el jugador que muchos dicen un día quebrará el récord de Bonds, Alex Rodríguez.

Y así te preguntas, si Griffey puede mantenerse en salud y jugar hasta los 40 años de edad, dónde resulatará en la lista histórica de jonroneros. Su promedio ha sido de 31 cuadrangulares en las últimas dos temporadas y tal vez supere esa cantidad esta temporada. Si Griffey sigue jugando hasta los 42 o 43 años y mantiene ese promedio, resultaría con 750 jonrones.

Si llega a los 600, 700 u 800, con Girffey, su lugar en la historia no debería ser solamente por la cantidad. Debe medirse por la manera en que llegó allí, en una era en donde la integridad no es tan común como lo fue antes, es muy impresionante.